martes, 29 de septiembre de 2015

Base de vida (I)

(ficción)

“Putos imperdibles…”

Hacía frío pero las manos, sus dedos, temblaban de nervios. Esos nervios que convierten en algo complicadísimo  atravesar un dorsal y una camiseta con un alfiler. La tela dos veces. Cerrarlo bien. No pincharse. Esos nervios que distraen la estética de un número descuadrado en medio de un pecho que palpita ya acelerado. Nervios precarrera.
Estaba de pie, frente a un escaparate, observando su imagen reflejada gracias a una farola y el juego de luces y sombras con el cristal. Aún estaba oscuro. Probó el frontal. El haz de luz borró de golpe su imagen del improvisado espejo y le deslumbró. Lo apagó y esperó a recuperar la visión. Un par de eternos minutos.

“Vaya pintas, tú”

Hoy se veía ridículo con aquella indumentaria. Temía que un día “eso” llegaría pero ¿hoy? Hoy era un día importante. Se repasó en su proyección. Unas zapatillas, con algo menos de 40kms, de un color chillón que el barro pronto apagaría. Siempre llevaba la misma marca, el mismo modelo. Solo cuando lo cambiaban, cambiaba él. Desconfiado pero esperanzado en encontrar las mejoras que anunciaban.
Los calcetines, con bastante más de 40kms, se habían quejado al poner el pie dentro y estirarlos. Seguramente no eran ni hermanos. Primos lejanos. Los dos tenían una R en el empeine. Pensó que cuando acabara los tiraría. Ni lavarlos siquiera. Pero….
El pantalón corto mostraba las cicatrices de batallas pasadas. Descolorido por las horas pasadas al sol y cuajado de pequeños agujeros mostraba, en un lateral, un remiendo hecho con mucho hilo y poca maña. Desde lejos parecía la marca comercial, de cerca una chapuza. El cordón para ceñirlo nunca fue anudado y solo se veía un extremo. El otro seguramente perdido en el recorrido de la cintura.
Estrenaba camiseta. Manga larga. Quizás un poco más ceñida de lo que a él le gustaba. O quizás él un poco más gordo de lo habitual. “Por eso me veo ridículo”, pensó. “Tendría que dejar la cerveza”. Cuando tomaba aire se movía el descuadrado dorsal sujeto por tres imperdibles. El 213 impreso cargaba todo el peso, por su inclinación, sobre el tres. El dos miraba hacia el hombro derecho. Intento recolocarlo algo moviendo la camiseta pero era una misión harto difícil. Y más aún usando como guía una imagen reflejada. Verde. La camiseta era verde.
Abrochó doblemente la mochila en el pecho y condenó al dorsal a pasar entre rejas las próximas horas. Una mochila con dos bidones de 500ml colgados de las tiras que bajaban desde los hombros y desaparecían algo más arriba de la cintura, volviendo hacia la espalda. Una tiras que ceñían aún más dejando poco para la imaginación. Cinturita de avispa no tenía, vaya. Muchos bolsillos. Muchos. La mochila tenía cremalleras y velcros por todas partes. Tocando fue repasando lo que llevaba en cada uno. Y acabó agarrando fuerte y afianzando los dos bidones. Con la maestría que una actriz porno aguanta sus pechos con las dos manos y los presenta a la cámara que graba. Se reía.

“La cabeza es muy importante en estas carreras”

Un buff apañado a modo de gorro cubría la cabeza por completo y atrapaba las puntas de las orejas. Ni se había preocupado en mirar como quedaba. Cosa extraña. De hecho estaba al revés el dibujo de aquella carrera donde se lo dieron. Y, de la misma forma que las correas del pecho atrapaban al dorsal, un frontal con sus correas bien ajustadas, ceñía el buff a la cabeza para que no escapara. Cabeceó un poco para comprobar que no se movía. Delante y detrás. Derecha e izquierda. No volvió a encenderlo. Pero se llevó de nuevo la mano al bolsillo donde llevaba pilas de repuesto. Aseguró que estaban allí. Como ya había hecho unos segundos antes.
Desde arriba, de un vistazo, comprobó que los cordones llevaban el triple nudo de rigor. Agarró los bastones que había dejado apoyado junto a la pared. Apretó los mangos y cerró los ojos. Repasó mentalmente lo que le había llevado hasta allí, los malos y buenos momentos por el camino, el objetivo que tenía por delante. Recolocó los “muebles” de la sala de mando y abrió los ojos. Como si los párpados tiraran de la piel de la cara, a medida que los abría aumentaba la sonrisa. No le importó verse ridículo. No le molestó el dorsal torcido. No se acordó de la “riñonera” que lucía de serie. Se despidió de él mismo en su imagen y caminó hacia el arco de salida.


Era su última carrera. Pero él no lo sabía.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Canfranc[90kms,6400+]cnarfnaC

Te levantas en el centro de Berlín, trabajas, malcomes en el avión, malcenas en un coche, llegas a Canfranc, te cambias y, cuando el viernes deja de serlo para pasar a sábado, sales a pasar la noche en los Pirineos.
Mal tiempo, dicen. Sin agua hasta las 5:00am y luego a mojarse. Estiman unos 82kms y 6.000+ tras las rebajas por la metereología puñetera. Yo estimo no quedarme solo. El cansancio de toda la semana esta escondido en el cuerpo  y tengo que cerrarle el paso de salida hasta pasar meta. Luego ya...que se cebe conmigo.
No he tenido ni un momento para mirar el recorrido pero llevo el track cargado por si la cosa se pone chunga. Ya lo hice en Andorra y, desde entonces, en MI material obligatorio va incluido siempre el Dakota20.
La idea es ir con Jaume, sobre todo porque él esta de acuerdo. Él es quien decidirá pues es mucho más rápido. Aunque yo quiera ir con él, aquí querer no es poder :-)
Noche cerrada y zetas para ganar altura. Con Egoitz Aragón vamos pasando grupillos que han salido por delante.Voy un poco collado hacia la Collarada (chiste!) pero justo cuando decido aflojar Jaume se espera. Genial !
Todo a oscuras y ahora niebla. Llegamos arriba después de volver a enganchar con Egoitz y con solo el trío de cabeza por delante. Bajando ya hemos de tirar de track. Las banderas han volado y se complica el tema con la niebla.
Tras la bajada delicada un buen tramo de correr, por culpa del cambio de recorrido, y bajada de zetas. Quiso la mala suerte que el vasco se golpeara en la rodilla y no pudiera seguir. Jaume sigue portándose bien y vamos juntos a buen ritmo.
Empieza la subida al collado de Izas con referencia lejana de los de delante y cercana de los perseguidores. Vuelve a bajar la niebla y al tocar el collado ya empieza a llover. Son casi las 6:00am.
El camino es entretenido rumbo al vértice de Anayet. Esos prados donde pisas en blando pero no en plano. Algún agujero pone a prueba el equilibrio. Bajo la lluvia y ya amaneciendo lo hace aún más disfrutón. Pero el correr se acaba en una infinita pala de hierba con un desnivel increible. Para de llover. Cresta. Impresionante las vistas. Impresionante. Combinando escarpadas paredes con ibones encajados en verdes praderas. Viento. Ahora viento. Y vamos bajando camino de la Canal Roya y de los 60 kms. El ritmo es bastante más lento que el previsto. Un terreno muy golfo.

La bajada al avituallamiento es eterna. Más que eso, infinita. Nos cansamos de correr uno detrás de otro y otro detrás de uno. Nos cansamos de caminar. No parece que por detrás amenace nadie. Por delante parece que son mejores. Así es esto.
Comemos algo, yo más bien poco, antes de encarar la subida a Larraca. Más zetas y unas antenas que emiten sus cantos de sirena. Hacia allá vamos. Mientras apuramos fuerzas nos pasan los primeros de la maratón. Al llegar arriba, los dos primeros y bajando el tercero y cuarto. Pero nosotros también pasamos al tercero de la ultra. Fundido. Desanimado. Parece, incluso, sin fuerzas. Astún.
Los de la maratón siguen bajando y nosotros encaramos por odiosas pistas de esquí la subida al Ibón de las Truchas para luego bajar a Somport. Otra vez el recorrido alternativo nos obliga a asfaltear casi 2kms para completar los 72 y casi 5400+ en el avituallamiento. Parece que la estimación inicial de la organización se ha quedado corta. Quedan unos 18 y 1000+
Seguimos juntos la pareja con alguna discusión bien llevada. Para esto también sirven los entrenamientos que hemos hecho juntos. Nos lo decimos todo y lo escuchamos todo. Pero solo procesamos lo importante. Si mi ritmo fuera más alto, compartiríamos más carreras juntos.
Subimos ahora a la Tuca repitiendo tediosas pistas de esquí. Las de Candanchú esta vez. Si no fuera por las vistas sería para darse la vuelta. Mucho viento en el collado. Mucho y fuerte, de parar y esperar que pase la racha. Arriba sabemos que solo nos quedarán 400+ más del collado de Estiviellas. Nos vamos animando. Pero la bajada antes de la última subida a un ibón seco no seca también a nosotros. Lentos y torpes descosemos un desnivel de unos 200- Chispea de nuevo y enfrente tenemos el último ogro.
- "Como una Trona dels congles" le digo a Jaume
- "Nunca he hecho una Trona con 80 kms en las patas", contesta.
- "Mira: repecho, flanqueo en subida y repecho"
- "Y luego más zetas de bajadas"
Empezamos lentos la subida y nos vamos animando. Empezamos lentos la bajada y nos vamos acelerando.
Abajo ya se ve Canfranc. A 800m más abajo. Zizzageamos sin hablar. Yo no me lo creo. Vamos a entrar juntos. O sea, yo con Jaume. Y terceros.
El trofeo me lo llevo antes de la entrega de premios.



lunes, 3 de agosto de 2015

mis Colosos Compañeros

Una de las primeras cosas que se aprende cuando empiezas a salir de fiesta es lo importante que es la compañía. La gente con la que sales. O el grupo que, a veces espontáneamente, se forma. Y pronto te das cuenta que, yendo a los mismos sitios con diferente tropa puede condicionar más que mucho el resultado final de la farra.
Los amigos borrachos. 
Los amigos demasiado serios.
Los amigos de tus amigos.
Los "amigos".
Los amigos golfos.
Y muchas noches que comenzaron igual, acabaron en puntos totalmente distintos, buscados o no, provocando momentos inolvidables o ratos dignos de ni siquiera mencionar.
Y de pronto, un día volviendo de madrugada a casa, llega ese punto en el que "decides que tú decides". Que tú elijes. Que tú escoges con quien sales de copas y, si no te convence... te quedas en casa. 

En la montaña, lo mismo. A la montaña no se puede ir con cualquiera. 

La montaña (y las comparaciones son odiosas) igual que las noches de fiesta se han de compartir con gente que te haga disfrutar al máximo. Sin darnos más problemas que los necesarios, que algunos SON necesarios también para reforzar el grupo. Con gente con la que sintonices. Con amigos que piensen igual, que sientan igual, que compartan unos mínimos principios básicos. Y no todo ha de encajar a la perfección, creedme. Pero ha de ser un puzzle en el que, aunque las piezas dejen pequeños huecos al unirse, se adivine el dibujo final. Aunque para verlo haya que alejarse un poco.
Rodaje. Todo este proceso necesita de rodaje. No es un pimpam. Y horas. Muchas horas. De día, de noche. De día después de la noche. O de noche después de un día. En un refugio esperando que amaine la lluvia. En una furgoneta devorando kilómetros. En la montaña incluso :-)




Y de todo esto ha habido mucho este año. Y hemos aprendido. Y hemos hecho rodaje. Y cada uno tiene su perfil que encaja con el del resto. Dejando huecos por donde pasa el aire, el agua incluso, pero por donde no se escapa ni un gramo de amor por la montaña. No se pierde un minuto de disfrute, de complicidad.
Y lo escribo ahora porque este fin de semana, solo los que estábamos allí lo sabemos, hemos compartido algo que quedará dentro de cada uno pero que de una manera invisible nos unirá para siempre.
Una cresta descarnada y peligrosa, vista desde los más de 3.000m del collado de la Paúl, nos ha impedido subir al Posets pero nos ha hecho más fuertes. 
Estaba donde tenía que estar, con quien tenía que estar e hicimos lo que había que hacer.
Anoche me acostaba como después de aquellas noches de fiesta en las que te metías en la cama pensando: como esta, las que haga falta !!!

jueves, 9 de julio de 2015

tantos años para esto...

Lo que más me han aportado los años es perspectiva. Perspectiva sobre una experiencia acumulada y sobre unos patrones de comportamiento que se repiten -con cierta frecuencia- sea cual sea el ámbito de la vida en el que nos movemos. Pero hablemos de deporte. Centrémonos en lo de correr por el monte.
En estas noches de insomnio y duermevela sudado, cuando por la mañana preparo café, nunca se si lo que repaso de memoria es producto del delirio o lo he cavilado sensatamente.
Por eso estas pocas frases, recogidas a golpe de "aquí-no-hay-quien-duerma", se permiten ciertas licencias y se han de leer desde el más absoluto de los respetos a todo el mundo. Porque es también así como se han escrito.
A mi me aplican. A otros...no tengo ni idea.
Muchas de ellas estaréis hartos de oírmelas decir por los bares (mala vida !! ). Buena señal, eso es que nos vemos. Nunca las había escrito y, mira tú por donde, aquí van a quedar ahora.

- la mayoría de las veces a 100 m del arco de meta ya solo eres "uno más". principio de la dilución.
- buenos corredores no es lo mismo que corredores buenos
- ganar carreras no implica ser un "tío/a guay". hay auténticos campeones/as que son gilipollas.
- no busques referencia en nadie con el que no hayas "cabalgado" junto. Al menos durante 5 o 6 horas.
- a raiz de la anterior: compartir pájaras y malos momentos une (a veces separa) más que hacerlo con carreras "perfectas".
- que alguien te de dos calcetines, una camiseta y zapatillas no es tener espónsor
- nadie ha perdido una carrera por pararse a recoger un papel que se le ha caído al comerse algo
- para cambiar las pilas del frontal hace falta luz ;-)
- salir de la zona de confort también es ir al ritmo de gente mucho más lenta que tú.
- ¿excusas? todas las que quieras. pero fijaos que siempre son los mismos los que las ponen
- asumir que hay días malos, pero también días buenos
- colleja al que diga "con lo bien y fuerte que iba la primera mitad, que mala suerte reventar después" (esta me encanta)
- el recorrido puede ser más o menos técnico. los corredores también. Para ti es técnico, para mi "corrible". O viceversa
- otra colleja fuerte para los que van "armados" con bastones
- si eres de análisis post-carrera, dedícale un ratito a las mierdas que has comido
- una más: cuándo empieces a pensar en cerveza, si no estas llegando a meta, afloja. Es una señal clara de que el cuerpo quiere acabar. O dale cerveza ;-)

Otro día, más...





miércoles, 1 de julio de 2015

LA R(ed)ONDA dels CIMS (y II)

Llegar al parking de Naturlandia da una falsa sensación de placer. Debe ser porque es plano. Dura poco. Apenas unos metros asfaltados. Buscamos altura con ganas pero solo por ver si refresca algo. Ni en la zona más desforestada. Ni durante el paseo por la carena. Un frontal a lo lejos se gira demasiado. Ya sabemos todos lo que quiere decir. Eso también nos da una excusa para seguir. Eso y otra luz por detrás que se acerca. La noche no nos regala ni un golpe de aire fresco. No nos rebaja ni un grado la temperatura. Vemos una hilera de marcas que nos hace guiños por delante al iluminarlas. Un cordón umbilical que une al de delante con nostros y con el de detrás. Somos hermanos de Ronda. Iván pide parar, cambia de frontal y seguimos.
Atrapamos a Luis, un potugués que luego nos deja bajando. No le veo muy 'católico' y se lo digo. Quiero pensar que no me entendió. Trás el descenso y un flanqueo cómodo nos encontramos la subida al coll del Bou Mort. De nuevo se me descoloca el ritmo. Iván se queda. Hasta Claror solo puedo pensar en mi. He de redondear el mal rato. Allí esperaré a ambos. Me giro y veo que Albert e Iván ya coronarán juntos.
A Claror has de llegar bien. Solo hay luz de frontales. Como las 4:00 de la madrugada. Caras de sueño de voluntarios y...de más amigos. ¡Qué huevos venir aquí a estas horas!
Portugués saliendo. Receno. Llegan Iván, que dice que se queda, y Albert con ganas. Momento clave. Decidir no es fácil. El sitio de Albert es delante mio. ¿Salgo con él o solo? ...Con él.
Ahora se que acerté. Aquella noche, cuándo me quedé de su rueda a los apenas 500m pensé que me había equivocado. Y mucho. La soledad trajo un rato malo de sueño. Paso torpe. Pensamiento espeso. Perseguir la luz de un frontal no parece lo mejor. Pero a lo lejos reconozco a Luis, el de Portugal. Vuelve a flaquear. Su mal rato cambia el mio a bueno y me saca del letargo. Antes de l'Illa, ya entre dos luces, le paso. Y entrando al refugio veo que sale Albert. Aprovecho el 2x1 y me vengo arriba.
Tomando un café pienso que merece la pena el esfuerzo de ir a por Albert antes dels Isards. Y me lo tomo en serio. Aunque corona 4' antes que yo eso significa coincidir en Pas de la Casa. Y así es.
Otro cambio de ropa y más café. Galletas. Crema para el sol. Propuesta de ir juntos. Acepta. No puedo pedir más. Hasta donde te aguante, le digo.



La subida al Pas de las Vacas y la bajada a Incles debe ser el trozo que menos me gusta. O que peor me sienta. O ambos. Hacerlo acompañado es un regalo. También las vistas.
Baja rápido para mi. Por un momento pienso que se acabó. Visualizo la subida a cabaña sorda y collada de Meners solo. Son unos 1400+. Llevas 12.000+. Tira !
Pero todo vuelve a ser más redondo cuándo veo que Albert esta en el avituallamiento. Ahora se que si no hay caida o lesión tengo la Ronda a tiro. Por primera vez. Un 70% diría yo. Parece poco pero, creedme, es una burrada.
La alegría, bañada a ratos en lágrimas de emoción, tira de mi para arriba. No pasa nadie de la Mitic. Solo los dos primeros. Eso se llama "buen ritmo". Cabaña Sorda y templando en la bajada a Coms de Jan. Sacando genio y sin apenas hablar hasta la collada de Meners. Si. Si. Siiiiii. Chocamos manos y a los lados de las gafas de sol se ve como se arrugan los ojos cansados al sonreirnos. ¿Vamos para abajo? Sorteny a 4kms nos espera. Comer algo, beber cocacola. Unos 8kms más y se acabó.
No me gusta bajar. Lo sabéis.
No se me da bien. Lo se.
Pero hay que hacerlo.
Y desde un fuerte convencimiento de que puedo seguir a mi compañero aprieto los puños sobre los bastones y salgo tras él. Caerse no es una opción y cuándo el terreno me provoca evito entrar al trapo. Estamos cansados. Se nota. Orgullosos. También se nota. Con ganas de disfrutar de este final.
Durante un rato miro bastante atrás. No veo a nadie. Delante me gusta que este Albert. Es el que tiene que estar.
Solo en el último tramo de 3kms hablamos de la entrada en meta.
-¿Cómo entramos?, le pregunto.
-Al trote, me dice.
-Vale, pero tu delante. Tú séptimo. Yo octavo.
-No. Los dos séptimo.
Siempre he tenido suerte con la gente que comparto estos momentos. Hoy no era una excepción.
Amigos. Trote. Cava. Séptimos. Meta.


Fin de una etapa personal.

martes, 30 de junio de 2015

LA R(ed)ONDA dels CIMS (I)

Leéis el título y pensaréis que hablar de una carrera "redonda" cuándo han sido casi 36h (170kms y 13.500+) no deja de ser un tanto pretencioso. Chulesco. De sobrao....
Pero, ojo, no hablo de una carrera perfecta. No hablo de que todo saliera inmaculado. No vendo un disfrute total.
No.
Hablo de buena gestión, sobre todo en los malos ratos. Hablo de buenos momentos pero donde se ha de controlar la euforia. Hablo del equilibrio entre compartir con otros y sentir la insignificancia de la soledad nocturna a más de 2.500 m. Hablo de lo que pesa la responsabilidad de acabar enfrentada a la irresponsabilidad de seguir, ¿si? Redonda. Una Ronda redonda.
En un circuito que me niego a reproducir aquí con nombres y cotas (sobre todo porque no las conozco bien) cada tramo entre avituallamientos se ha de gestionar por separado. Cada vez que arrancas de nuevo cargas en la mochila agua, isotónico, algo de comer y unas horas más de cansancio. Esas si que suman. Y, a la larga, lo que más pesa.
Desde la salida me encontré cómodo en un segundo grupo de unos 5-6 corredores. A poco que te fijes, en el refugio de Sorteny ya has visto quien es bajador o subidor. Pero te has de fijar, claro. Y hacer tu composición de lugar. Y seguir con tu carrera. La redondez de la que os hablo se gestiona desde dentro uno mismo.
Van pasando los kilómetros, va cayendo el calor a plomo. Algún calambre en el gemelo izquierdo. Nos hemos quedado tres. Dos se han ido delante. Uno se ha dejado caer.
Hay que parar a coger agua donde corren riachuelos porque la deshidratación es una continua amenaza. Camino de Pla de l'Estany el trote se hace ameno. Y miramos las raíces del suelo. Para no caer y porque al levantar la vista se ve el Comapedrosa. En su base comemos bien y, ya subiendo, Albert me pide que tire. No voy, dice.
Bajando de la cima decido quitarme la cinta rotuliana por si fuera esta la causa de los calambres que se repiten en cada tartera. La llevo en la mano (foto) por si no fuera así colocármela de nuevo. Ahora es el gemelo derecho. Bajo el ritmo. Queda mucho. Mientras cruzo los neveros me giro pero Albert no viene. He de seguir.



Desde el refugio del Comapedrosa hasta Coll de la Botella tembló la redondez ansiada por culpa del nuevo tramo. Me pareció durísimo. Imagino que ir con ideas prefabricadas no ayuda. La carena nueva que antes se hacía por abajo es brutal. Pero tirarte luego al fondo de un valle para subir por una pista de esqui pudo haber sido mi puntilla. Una vez más, estoy contento de como gestioné este momento. A ver si al final hasta tenemos algo de sentido común.
Fruta. Mucha fruta. Una cerveza. Y para el Bony de la Pica pero, mentalmente, ya en Margineda. La larga bajada la hice junto a un compañero canario y se hizo distraída. Necesitaba sentarme. Lavarme y cambiarme de ropa. El sol (que no el calor) se retiraba y yo ansiaba la noche consciente de sus "peligros". El soporte de muchos amigos en Margineda es tan maravilloso como duro es luego ponerte un frontal en la frente y salir sin ellos hacía el Pic Negre.
Calor.
Repechos.
¿Dónde esta Comabella?
Se acerca la medianoche. Llevamos casi la mitad de horas previstas y vamos resolviendo con cierta elegancia las dificultades que aparecen. Un cansancio "lógico". Ausencia de sueño. De nuevo a cota 2.000m.







jueves, 18 de junio de 2015

la búsqueda infinita

queda una semanilla. no se si es mucho, es poco ó nimuchonipoco. de hecho lo único que me preocupa ahora mismo y que me pasa por la cabeza es ir allí y demostrarme a mi mismo que lo del año pasado...pasó. que lo del año pasado es mio. pero no quiero tampoco engañarme y no ocultaré ganas de hacerlo mejor. no oculto, de ninguna de las maneras, un enorme deseo de superarme. todo desde un gran respeto por lo que viene pero, me atrevo a mirarlo a los ojos.

como siempre, huyo del lastre de excusas que solo sirven (a veces ni eso) al que las escucha y me alejo de una alineación de planetas contra mi. parto de un base muy sencilla. la situación es distinta. mi situación. la montaña, como ser vivo que es, también estará cambiada. el tiempo....¿qué tiempo nos hará? ¿lluvía? ¿frío? ¿calorazo? el día antes. la semana antes. el mes antes. son tantos factores que no se pueden controlar que lo mejor es ir allá tranquilo. con la sensación típica de deberes hechos pero mal rematados. ese bien, notable quizás, que con un poco más de codos habría sido un sobresaliente. pero no importa. el lunes a currar de nuevo con la mochila llena de disfrute. de los amigos. de los collados. de las cervezas. de los picos. de la soledad. de los valles.

a veces tengo la tentación de creerme más de lo que soy y me hago daño. otras veces me infravaloro y, de nuevo, soy mi peor enemigo. esa oscilación se produce desde hace años. pero con la edad la oscilación de esta onda es menor en amplitud. quizás mayor en frecuencia. pero, inexorablemente noto que se acerca al equilibrio. ponerme en mi sitio.
y hablo de deporte. pero no es solo deporte.
el viernes que viene será un día largo. un día con una noche en medio. se que reiré. se que lloraré. que me cagaré en todo. que rascaré las nubes con las puntas de los dedos. de puntillas. estirándome. pero, espero que sin dejar de tocar el suelo con las puntas de los pies.
no hay estrategia. saldremos con lo puesto. iremos dando forma a la experiencia kilómetro a kilómetro, hora a hora, trago a trago. dátil a dátil. y a golpe de bastón enhebraremos un perfil exigente. un recorrido desafiante. un subeybaja en el que el cielo no siempre está arriba ni el infierno siempre abajo.

creo que estoy preparado.