jueves, 19 de noviembre de 2015

Los Principitos (pequeños principios)

Ojalá pudiera pero...no puedo decir que con este texto rompo la continuidad temporal de Base de Vida porque no la tiene. Si que quiebro la continuidad temática, pero el caos es una constante en nuestras vidas. Todo tiende a la máxima entropía. Es una de las pocas cosas que me quedan de mis estudios de física.
Y no se bien a cuenta de que viene este texto, pero viene. Y se queda. "Vomitao".

Huyo. No se puede decir de otra manera.
Últimamente huyo como un gato escaldado del agua fría de actitudes y comportamientos con los que antes era más tolerante. Más antes, incluso dinamizador de ellos. Y en algunos casos reconozco que estoy huyendo para salvar una amistad o para mantener una relación cordial.
Las #cosas que hacemos cada uno las hace por unas #cosas.
Unos las dicen y otros no
En unos casos es verdad y en otros para la galería
A veces se hacen y a veces no.
Pero solo se cuentan las que si.
O se narran épicamente cacerías de ratones.
El problema viene cuando haces nyecccc !! y algo no cuadra. Nada.

...y la verdad, no se si me interesa mantener lo que quiero mantener o solo es ahorrarme caretos. yo que se... Huyo.

Venga un ejemplo que seguro que es más fácil de entender.
Hoy he salido a correr con niebla. Una niebla preciosa de esa con la que las montañas se visten lujuriosamente. Una niebla de esas donde soy un héroe que ha sobrevivido frente a un riesgo infinito de desaparecer perdido en su espesura. Una niebla de esas como la de la foto que me he hecho en la zona donde más densa era. Una niebla de esa tan fría que al llegar a casa pasé 20´bajo el chorro del agua caliente en la ducha. Una niebla de esas que, coño, igual no era más distinta que la de los otros con los que me he cruzado. Una niebla que al coger algo de altura quedaba por debajo. Una niebla de esas que me dejó helado por no llevar guantes.
Y así...
Como siempre, la ironía como compañero de viaje.
Pero de las pocas #cosas en las que mando yo...yo mando.

domingo, 18 de octubre de 2015

Base de vida (III)

el briefing

El centro neurálgico de la carrera se había montado en el colegio público. No había muchos sitios más donde hacerlo en el pueblo. Un aula para entrega de dorsales, otro como almacén y un tercero para el dispositivo de seguridad y centro de comunicaciones. El comedor escolar preparado para el briefing que estaba a punto de comenzar. Habían puestos todas las mesas redondas en un rincón y unas sillitas pequeñas formaban el auditorio. Como si fuera a haber una convención de enanitos. Ah, suelo duro en el pabellón de deportes anexo al edificio de aulas para quien lo necesitara.
Mientras los corredores y acompañantes iban entrando, a Nabet -director de carrera-, le vino a la cabeza aquella visita guiada, siendo muy niños, al campamento militar que vino de maniobras junto al río.
Se había propuesto hacer un briefing corto y concentrado. "La gente, en cuanto pasan veinte minutos se dispersa. No quiero pantalla, ni proyector, ni modernidades. Bajadme una pizarra de una clase y un par de tizas", había pedido a un miembro del equipo.
Puesto de pie delante de unas 60 personas fue consciente de algo que siempre habían comentado cuando, como corredores, asistían a estas sesiones. "Todos sabemos que venimos a correr pero el aspecto es de reunión del proyecto hombre. Que chupaos y renegros estan todos, tú. Y aquí nadie entrena". Y sonrío.
"Estáis todos estupendos, ahí como acurrucados en estas sillitas de niños. Mañana a ver cuantos pueden hacerlo", dijo Nabet arrancando unas risas a los más cercanos. Por detrás aún había barullo. "Bueno, vamos a empezar. Un cuarto de hora y a cenar que mañana tenéis turrón" y, con una tiza dividió la pizarra en cuatro. Escribió: Organización, Recorrido, Avituallamientos y Voluntarios.
"La organización está aquí para ayudar. Somos los que somos y llegamos donde llegamos. Creemos que a todos los sitios en un desarrollo normal de la carrera. Todos, repito, todos conocemos perfectamente el recorrido. De día y de noche. En un sentido y en otro. Estamos comunicados entre todos y con la central de control y, esperemos que no haga falta, rescate". Escribió tres nombres y tres números de móvil. Y al lado de cada nombre puso: precarrera, carrera y postcarrera. "Lo tenéis todo en la bolsa pero, aquí queda escrito. Además tenéis mi teléfono. Llamad si es necesario"
"Puntos importantes y horarios a respetar. Aquí seremos serios" Y volvió a pasear la tiza por la pizarra, por debajo de los nombres.
.Control de material obligatorio en carrera.
.Salida a las 7:00
.Cierre punto corte La Ceja: 16:00
"Está pensado para que, sin despistarse pase todo el mundo. Comprobado"
La gente aún miraba atenta. Pensó si dejar para el final el recorrido o los avituallamientos para no perder esta atención. Y, moviéndose a otro cuadrante de la pizarra, comentó cuatro cosas de los voluntarios.
"Tendremos voluntarios en los puntos de cruce complicados. No más de una docena. Son gente del club de montaña y están hechos a pasar horas allá arriba. Un saludo al pasar, una sonrisa o un guiño compensará su labor mucho más de lo que os pensáis. En los avituallamientos también hay gente que se ha animado a ayudarnos. Respetad por favor su trabajo y pensad que no se dedican a eso. Si tardan en rellenar un bidón, en cortar un trozo de melón. Si el caldo no esta tan caliente como te gusta o si te pone más fideos de los que querías. La carrera es de todos. La corréis vosotros pero la hacemos entre todos." Se giró y escribió en la pizarra, cuadrante Voluntarios: TODOS y lo subrayó
"En la base de vida tenéis botiquín y masajista. Más voluntarios. Compartid con ellos como estáis. Para ellos sois todos unos superhombres. ¿Vale?"
"Vamos con el recorrido" Y se movió a otro cuadrante mientras subía la voz y decía.... "ACOJONANTE"


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Base de vida (II)

La furgoneta parecía grande, era grande, pero poco a poco se fue llenando. La fruta iba en cajas y se apilaba fácil en torres de 4 o 5. Un termo enorme para calentar litros de caldo. Bolsas de fideos y saquitos de arroz. Cinco neveras azules de esas de camping con embutido cortado. Los frutos secos y gominolas en bolsas de dos kilos rellenaban huecos entre el resto de achiperres, como calzando la carga. Vasos y platos de usar y tirar. Paquetes de cubiertos de plástico. Botellas de cocacola e isotónico….agua!!

“Falta espacio, falta espacio”, el responsable sacó el teléfono del bolsillo y pidió otra furgoneta. “Necesito otra para las bolsas de apoyo. Así también podemos enviar el avituallamiento antes y apurar hasta la salida para que dejen sus cosas los corredores”.
“Ahora te la envío. Llega en quince minutos”

Casi 200 corredores inscritos. Las matemáticas de la carrera no podían permitirse errores. Las hojas excel de los organizadores calculaban tres escenarios distintos en función, principalmente, de la climatología. Los cambios más notables se veían en la cantidad de líquido. Una columna por avituallamiento y escenario. Mover material a algunos avituallamientos sería complicado si había una emergencia. Por eso, en los tres escenarios, se había sobredimensionado todo. En la última reunión de responsables de avituallamientos se había acordado trabajar con la opción intermedia.
Y toda esta responsabilidad se multiplicaba por tres o cuatro al hablar de la base de vida. El kilómetro 52 de carrera. El salón de actos de aquel pueblo pequeño sobre el que viraba el recorrido de la carrera. Un pueblo que no aparecía en casi ningún mapa. Un puñado de casas y cuadras apiñadas alrededor de unas peñas sobre las que se asentaba un torreón con mejor pasado que presente. Mellado en su cresta. Cubierto de hiedra hasta media altura, como a medio vestir. Y a pesar de todo, el orgullo de la gente de allí.
Hacia él se dirigía ya la furgoneta con el cargamento más pesado y, detrás, tres coches con voluntarios. Tenían tiempo de sobra para montar todo y luego irse a desayunar. Se esperaban los primeros corredores hacia mediodía. Los últimos antes de medianoche. Uno de los coches que venía detrás eran repasadores. No se quedarían en la base de vida. Un par en contradirección y otro par a favor de la carrera debían asegurar que el recorrido estaba bien marcado.

“Dan frío pero nada de niebla. No me llenéis la montaña de cintas y banderines. No se trata de eso, no quiero “recorrido tarzán”. Marcas más juntas en zonas complicadas y más separadas donde no haya peligro de perderse. Ya avisaré yo en el briefing”, les había dicho el director de carrera en la última reunión.
“Y los que vais a descoser camino de la carrera, remarcad al volver. Siempre en el sentido que van los corredores. Si se me pierde un tío lo más fácil es que sea culpa suya. Si se me pierden veinte será culpa nuestra”. Risas con fondo serio.

La ambulancia de la Cruz Roja y la segunda furgoneta, con las bolsas de los corredores, llegarían antes de las 9:00. Esperaban tener todo montado antes de las 10:00. Todo en orden y el pueblito revolucionado. Seguramente era el evento del año.

Amanecía ya cuando empezaron a subir por la estrecha y empinada carretera que llevaba a El Espinar. La conversación era amena en cabina y, al hablar, se atropellaban unos a otros. Se notaba alegría. Ganas de pasarlo bien. El día sería largo. El walkie apoyado en el salpicadero de la furgo hizo ese típico ruido que avisa que alguien va a hablar. Se callaron:

“brrrrrr.....Aquí control de meta. 
                        brrrrrrrrrrrr....Hemos dado la salida.
La carrera está lanzada. brrrrr ”

martes, 29 de septiembre de 2015

Base de vida (I)

(ficción)

“Putos imperdibles…”

Hacía frío pero las manos, sus dedos, temblaban de nervios. Esos nervios que convierten en algo complicadísimo  atravesar un dorsal y una camiseta con un alfiler. La tela dos veces. Cerrarlo bien. No pincharse. Esos nervios que distraen la estética de un número descuadrado en medio de un pecho que palpita ya acelerado. Nervios precarrera.
Estaba de pie, frente a un escaparate, observando su imagen reflejada gracias a una farola y el juego de luces y sombras con el cristal. Aún estaba oscuro. Probó el frontal. El haz de luz borró de golpe su imagen del improvisado espejo y le deslumbró. Lo apagó y esperó a recuperar la visión. Un par de eternos minutos.

“Vaya pintas, tú”

Hoy se veía ridículo con aquella indumentaria. Temía que un día “eso” llegaría pero ¿hoy? Hoy era un día importante. Se repasó en su proyección. Unas zapatillas, con algo menos de 40kms, de un color chillón que el barro pronto apagaría. Siempre llevaba la misma marca, el mismo modelo. Solo cuando lo cambiaban, cambiaba él. Desconfiado pero esperanzado en encontrar las mejoras que anunciaban.
Los calcetines, con bastante más de 40kms, se habían quejado al poner el pie dentro y estirarlos. Seguramente no eran ni hermanos. Primos lejanos. Los dos tenían una R en el empeine. Pensó que cuando acabara los tiraría. Ni lavarlos siquiera. Pero….
El pantalón corto mostraba las cicatrices de batallas pasadas. Descolorido por las horas pasadas al sol y cuajado de pequeños agujeros mostraba, en un lateral, un remiendo hecho con mucho hilo y poca maña. Desde lejos parecía la marca comercial, de cerca una chapuza. El cordón para ceñirlo nunca fue anudado y solo se veía un extremo. El otro seguramente perdido en el recorrido de la cintura.
Estrenaba camiseta. Manga larga. Quizás un poco más ceñida de lo que a él le gustaba. O quizás él un poco más gordo de lo habitual. “Por eso me veo ridículo”, pensó. “Tendría que dejar la cerveza”. Cuando tomaba aire se movía el descuadrado dorsal sujeto por tres imperdibles. El 213 impreso cargaba todo el peso, por su inclinación, sobre el tres. El dos miraba hacia el hombro derecho. Intento recolocarlo algo moviendo la camiseta pero era una misión harto difícil. Y más aún usando como guía una imagen reflejada. Verde. La camiseta era verde.
Abrochó doblemente la mochila en el pecho y condenó al dorsal a pasar entre rejas las próximas horas. Una mochila con dos bidones de 500ml colgados de las tiras que bajaban desde los hombros y desaparecían algo más arriba de la cintura, volviendo hacia la espalda. Una tiras que ceñían aún más dejando poco para la imaginación. Cinturita de avispa no tenía, vaya. Muchos bolsillos. Muchos. La mochila tenía cremalleras y velcros por todas partes. Tocando fue repasando lo que llevaba en cada uno. Y acabó agarrando fuerte y afianzando los dos bidones. Con la maestría que una actriz porno aguanta sus pechos con las dos manos y los presenta a la cámara que graba. Se reía.

“La cabeza es muy importante en estas carreras”

Un buff apañado a modo de gorro cubría la cabeza por completo y atrapaba las puntas de las orejas. Ni se había preocupado en mirar como quedaba. Cosa extraña. De hecho estaba al revés el dibujo de aquella carrera donde se lo dieron. Y, de la misma forma que las correas del pecho atrapaban al dorsal, un frontal con sus correas bien ajustadas, ceñía el buff a la cabeza para que no escapara. Cabeceó un poco para comprobar que no se movía. Delante y detrás. Derecha e izquierda. No volvió a encenderlo. Pero se llevó de nuevo la mano al bolsillo donde llevaba pilas de repuesto. Aseguró que estaban allí. Como ya había hecho unos segundos antes.
Desde arriba, de un vistazo, comprobó que los cordones llevaban el triple nudo de rigor. Agarró los bastones que había dejado apoyado junto a la pared. Apretó los mangos y cerró los ojos. Repasó mentalmente lo que le había llevado hasta allí, los malos y buenos momentos por el camino, el objetivo que tenía por delante. Recolocó los “muebles” de la sala de mando y abrió los ojos. Como si los párpados tiraran de la piel de la cara, a medida que los abría aumentaba la sonrisa. No le importó verse ridículo. No le molestó el dorsal torcido. No se acordó de la “riñonera” que lucía de serie. Se despidió de él mismo en su imagen y caminó hacia el arco de salida.


Era su última carrera. Pero él no lo sabía.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Canfranc[90kms,6400+]cnarfnaC

Te levantas en el centro de Berlín, trabajas, malcomes en el avión, malcenas en un coche, llegas a Canfranc, te cambias y, cuando el viernes deja de serlo para pasar a sábado, sales a pasar la noche en los Pirineos.
Mal tiempo, dicen. Sin agua hasta las 5:00am y luego a mojarse. Estiman unos 82kms y 6.000+ tras las rebajas por la metereología puñetera. Yo estimo no quedarme solo. El cansancio de toda la semana esta escondido en el cuerpo  y tengo que cerrarle el paso de salida hasta pasar meta. Luego ya...que se cebe conmigo.
No he tenido ni un momento para mirar el recorrido pero llevo el track cargado por si la cosa se pone chunga. Ya lo hice en Andorra y, desde entonces, en MI material obligatorio va incluido siempre el Dakota20.
La idea es ir con Jaume, sobre todo porque él esta de acuerdo. Él es quien decidirá pues es mucho más rápido. Aunque yo quiera ir con él, aquí querer no es poder :-)
Noche cerrada y zetas para ganar altura. Con Egoitz Aragón vamos pasando grupillos que han salido por delante.Voy un poco collado hacia la Collarada (chiste!) pero justo cuando decido aflojar Jaume se espera. Genial !
Todo a oscuras y ahora niebla. Llegamos arriba después de volver a enganchar con Egoitz y con solo el trío de cabeza por delante. Bajando ya hemos de tirar de track. Las banderas han volado y se complica el tema con la niebla.
Tras la bajada delicada un buen tramo de correr, por culpa del cambio de recorrido, y bajada de zetas. Quiso la mala suerte que el vasco se golpeara en la rodilla y no pudiera seguir. Jaume sigue portándose bien y vamos juntos a buen ritmo.
Empieza la subida al collado de Izas con referencia lejana de los de delante y cercana de los perseguidores. Vuelve a bajar la niebla y al tocar el collado ya empieza a llover. Son casi las 6:00am.
El camino es entretenido rumbo al vértice de Anayet. Esos prados donde pisas en blando pero no en plano. Algún agujero pone a prueba el equilibrio. Bajo la lluvia y ya amaneciendo lo hace aún más disfrutón. Pero el correr se acaba en una infinita pala de hierba con un desnivel increible. Para de llover. Cresta. Impresionante las vistas. Impresionante. Combinando escarpadas paredes con ibones encajados en verdes praderas. Viento. Ahora viento. Y vamos bajando camino de la Canal Roya y de los 60 kms. El ritmo es bastante más lento que el previsto. Un terreno muy golfo.

La bajada al avituallamiento es eterna. Más que eso, infinita. Nos cansamos de correr uno detrás de otro y otro detrás de uno. Nos cansamos de caminar. No parece que por detrás amenace nadie. Por delante parece que son mejores. Así es esto.
Comemos algo, yo más bien poco, antes de encarar la subida a Larraca. Más zetas y unas antenas que emiten sus cantos de sirena. Hacia allá vamos. Mientras apuramos fuerzas nos pasan los primeros de la maratón. Al llegar arriba, los dos primeros y bajando el tercero y cuarto. Pero nosotros también pasamos al tercero de la ultra. Fundido. Desanimado. Parece, incluso, sin fuerzas. Astún.
Los de la maratón siguen bajando y nosotros encaramos por odiosas pistas de esquí la subida al Ibón de las Truchas para luego bajar a Somport. Otra vez el recorrido alternativo nos obliga a asfaltear casi 2kms para completar los 72 y casi 5400+ en el avituallamiento. Parece que la estimación inicial de la organización se ha quedado corta. Quedan unos 18 y 1000+
Seguimos juntos la pareja con alguna discusión bien llevada. Para esto también sirven los entrenamientos que hemos hecho juntos. Nos lo decimos todo y lo escuchamos todo. Pero solo procesamos lo importante. Si mi ritmo fuera más alto, compartiríamos más carreras juntos.
Subimos ahora a la Tuca repitiendo tediosas pistas de esquí. Las de Candanchú esta vez. Si no fuera por las vistas sería para darse la vuelta. Mucho viento en el collado. Mucho y fuerte, de parar y esperar que pase la racha. Arriba sabemos que solo nos quedarán 400+ más del collado de Estiviellas. Nos vamos animando. Pero la bajada antes de la última subida a un ibón seco no seca también a nosotros. Lentos y torpes descosemos un desnivel de unos 200- Chispea de nuevo y enfrente tenemos el último ogro.
- "Como una Trona dels congles" le digo a Jaume
- "Nunca he hecho una Trona con 80 kms en las patas", contesta.
- "Mira: repecho, flanqueo en subida y repecho"
- "Y luego más zetas de bajadas"
Empezamos lentos la subida y nos vamos animando. Empezamos lentos la bajada y nos vamos acelerando.
Abajo ya se ve Canfranc. A 800m más abajo. Zizzageamos sin hablar. Yo no me lo creo. Vamos a entrar juntos. O sea, yo con Jaume. Y terceros.
El trofeo me lo llevo antes de la entrega de premios.



lunes, 3 de agosto de 2015

mis Colosos Compañeros

Una de las primeras cosas que se aprende cuando empiezas a salir de fiesta es lo importante que es la compañía. La gente con la que sales. O el grupo que, a veces espontáneamente, se forma. Y pronto te das cuenta que, yendo a los mismos sitios con diferente tropa puede condicionar más que mucho el resultado final de la farra.
Los amigos borrachos. 
Los amigos demasiado serios.
Los amigos de tus amigos.
Los "amigos".
Los amigos golfos.
Y muchas noches que comenzaron igual, acabaron en puntos totalmente distintos, buscados o no, provocando momentos inolvidables o ratos dignos de ni siquiera mencionar.
Y de pronto, un día volviendo de madrugada a casa, llega ese punto en el que "decides que tú decides". Que tú elijes. Que tú escoges con quien sales de copas y, si no te convence... te quedas en casa. 

En la montaña, lo mismo. A la montaña no se puede ir con cualquiera. 

La montaña (y las comparaciones son odiosas) igual que las noches de fiesta se han de compartir con gente que te haga disfrutar al máximo. Sin darnos más problemas que los necesarios, que algunos SON necesarios también para reforzar el grupo. Con gente con la que sintonices. Con amigos que piensen igual, que sientan igual, que compartan unos mínimos principios básicos. Y no todo ha de encajar a la perfección, creedme. Pero ha de ser un puzzle en el que, aunque las piezas dejen pequeños huecos al unirse, se adivine el dibujo final. Aunque para verlo haya que alejarse un poco.
Rodaje. Todo este proceso necesita de rodaje. No es un pimpam. Y horas. Muchas horas. De día, de noche. De día después de la noche. O de noche después de un día. En un refugio esperando que amaine la lluvia. En una furgoneta devorando kilómetros. En la montaña incluso :-)




Y de todo esto ha habido mucho este año. Y hemos aprendido. Y hemos hecho rodaje. Y cada uno tiene su perfil que encaja con el del resto. Dejando huecos por donde pasa el aire, el agua incluso, pero por donde no se escapa ni un gramo de amor por la montaña. No se pierde un minuto de disfrute, de complicidad.
Y lo escribo ahora porque este fin de semana, solo los que estábamos allí lo sabemos, hemos compartido algo que quedará dentro de cada uno pero que de una manera invisible nos unirá para siempre.
Una cresta descarnada y peligrosa, vista desde los más de 3.000m del collado de la Paúl, nos ha impedido subir al Posets pero nos ha hecho más fuertes. 
Estaba donde tenía que estar, con quien tenía que estar e hicimos lo que había que hacer.
Anoche me acostaba como después de aquellas noches de fiesta en las que te metías en la cama pensando: como esta, las que haga falta !!!

jueves, 9 de julio de 2015

tantos años para esto...

Lo que más me han aportado los años es perspectiva. Perspectiva sobre una experiencia acumulada y sobre unos patrones de comportamiento que se repiten -con cierta frecuencia- sea cual sea el ámbito de la vida en el que nos movemos. Pero hablemos de deporte. Centrémonos en lo de correr por el monte.
En estas noches de insomnio y duermevela sudado, cuando por la mañana preparo café, nunca se si lo que repaso de memoria es producto del delirio o lo he cavilado sensatamente.
Por eso estas pocas frases, recogidas a golpe de "aquí-no-hay-quien-duerma", se permiten ciertas licencias y se han de leer desde el más absoluto de los respetos a todo el mundo. Porque es también así como se han escrito.
A mi me aplican. A otros...no tengo ni idea.
Muchas de ellas estaréis hartos de oírmelas decir por los bares (mala vida !! ). Buena señal, eso es que nos vemos. Nunca las había escrito y, mira tú por donde, aquí van a quedar ahora.

- la mayoría de las veces a 100 m del arco de meta ya solo eres "uno más". principio de la dilución.
- buenos corredores no es lo mismo que corredores buenos
- ganar carreras no implica ser un "tío/a guay". hay auténticos campeones/as que son gilipollas.
- no busques referencia en nadie con el que no hayas "cabalgado" junto. Al menos durante 5 o 6 horas.
- a raiz de la anterior: compartir pájaras y malos momentos une (a veces separa) más que hacerlo con carreras "perfectas".
- que alguien te de dos calcetines, una camiseta y zapatillas no es tener espónsor
- nadie ha perdido una carrera por pararse a recoger un papel que se le ha caído al comerse algo
- para cambiar las pilas del frontal hace falta luz ;-)
- salir de la zona de confort también es ir al ritmo de gente mucho más lenta que tú.
- ¿excusas? todas las que quieras. pero fijaos que siempre son los mismos los que las ponen
- asumir que hay días malos, pero también días buenos
- colleja al que diga "con lo bien y fuerte que iba la primera mitad, que mala suerte reventar después" (esta me encanta)
- el recorrido puede ser más o menos técnico. los corredores también. Para ti es técnico, para mi "corrible". O viceversa
- otra colleja fuerte para los que van "armados" con bastones
- si eres de análisis post-carrera, dedícale un ratito a las mierdas que has comido
- una más: cuándo empieces a pensar en cerveza, si no estas llegando a meta, afloja. Es una señal clara de que el cuerpo quiere acabar. O dale cerveza ;-)

Otro día, más...