jueves, 25 de diciembre de 2025

ausencia

sentado en tu sillón miro a través de la ventana y viajo pausado río abajo, atravesando el puente. descanso en el campanario de la iglesia. recorro las almenas del castillo. llego hasta las cumbres nevadas de gredos. es el día navidad que sigue a la cena de nochebuena de anoche. las primeras sin ti. y así será también el fin de año. así será siempre... con un café entre las manos busco en algún rincón del paisaje el coraje, que no encuentro dentro, para escribirte algo. para escribirme algo. hace poco más de tres meses que te fuiste y aun no he encontrado el punto de apoyo para hacerlo. pero parece que es hoy. y parece que es desde aquí.

aceptar que las cosas vienen dadas de una determinada forma, nos guste más o menos, es un aprendizaje que hice muy pronto contigo, papa. a partir de ahí podemos intentar cambiarlas sabiendo que no siempre es posible. y en ese proceso de aceptación de tu marcha estoy, plenamente consciente ya que nada se puede cambiar. tu enfermedad ya nos iba avisando de ello. aun y así, gracias a ti, entre todos supimos encontrar el momento a tu lado para despedirnos. tú nos lo regalaste.

como no podía ser de otra forma, juntos pasamos por todas esas fases que configuran la relación padre-hijo. desde la admiración máxima de un pequeño chaval a un respeto total cuando entendí lo que era ser padre, pasando por los momentos rebeldes de cuestionar cualquier cosa que saliera de tu boca. sin ti no hubiera sido nunca lo que soy (y me encanta como soy). sin ti no hubiera llegado nunca donde he llegado (y me siento satisfecho a donde he llegado). sin ti no entendería la vida como lo hago (y me gusta como la entiendo). este proceso es tan curioso que hay un momento en la vida, en el que estoy inmerso, que ves en ti mismo cosas que criticabas o alababas de tu padre. por lo tanto, en cuanto esto me produce orgullo doy por muy bueno lo vivido juntos. aunque se me haya quedado corto. aunque me haya dolido tu partida.

podría pasarme horas escribiendo anécdotas. momentos de risas. de lloros. horas juntos dentro de un camión. o rodeados de fruta. pero no es la idea. porque la idea de estas líneas es dejar constancia de que la tristeza de tu marcha queda totalmente cubierta, una vez pasado el mal trago, por la alegría de haberte tenido de padre. de jefe. de compañero. de chófer. de profesor. de paciente...el vacío en el corazón lo llenaremos con tus sonrisas, tu buen humor y tu empuje. porque nadie como tú le planto cara a la vida. y aunque pueda parecer que no, saliste triunfante. porque tu legado sigue en nosotros. sigue en mi. y eso es una victoria tuya, papa. es una victoria que sin estar, sigues entre nosotros. como anoche. como hoy. como cada día...


viernes, 2 de mayo de 2025

porque a mi la nieve nyec

debajo de la nieve, conservadas en frío, descansan las piedras y la hierba que pisaré pronto. mientras tanto tiro a zonas de menos altitud donde no hay manto blanco ni placas de hielo. no, no me gusta la nieve. y mucho menos el hielo. como yo lo veo, en todas las relaciones entre dos partes hay una balanza amor-odio que en este caso esta claramente decantada hacia el odio. odio por mi parte, que a ella no le he preguntado nunca ;-) y os dejo dos perlas por lo que pienso que es así.
(1)ya desde pequeño en casa de mis padres, nevar y nieve eran sinónimo de problemas. para el que no lo sepa mi padre era camionero. dormía una noche en casa y otra en el camión. arriba y abajo por esas carreteras nacionales de dios que, viviendo en ávila, se convertían en trampas cuando caían copos a mansalva. y así recuerdo a mi abuela amparo, cuando sus vacas barruntaban nieve, subiendo a casa para avisar de lo que venía. y solía pasar que pocas horas después, como mi padre no se podía estar en casa si el camión tenía la carga, se volvían a juntar mi madre y mi abuela hablando bajo y comentando si mi padre, "que ya tendría que estar aquí" estaría con el camión tirado en una cuneta hasta que la carretera se abriera de nuevo. "¿no ha llamado?" solía preguntar mi abuela que se murió sin conocer los móviles. "no, desde que salió ayer no se nada", contestaba mi madre mientras nos ponía la cena a los cuatro hermanos. y acostado desde la cama las oía, sentadas al brasero, charlar mientras esperaban que llegara mi padre o tener noticias de él. casi siempre sin éxito. al día siguiente o a los dos días llegaba mi padre contando sus donde, como y cuanto por culpa de.



(2)la segunda anécdota me pasó siendo ya más talludito corriendo en andorra la primera edición de eufória. carrera por equipos de dos que habíamos preparado con salvador vilalta lo mejor que pudimos. tras unas pocas horas de las muchas que nos esperaban cruzamos un nevero en el fondo de un valle. él delante y yo detrás. por debajo se intuía que pasaba agua pero era difícil adivinar que se hundiría conmigo. lo justo para quedarme enganchado por el culo. tras el primer susto, salva volvío atrás y tiro de mi para sacarme. con sorpresa vemos que la capa superior, seguramente helada, había rascado usando como tope mi tibia, la piel de mi pierna. la sangre que ya de por si es escandalosa, se volvió más al extenderse por la blanca nieve. rápido me estiré sobre la fría cama con la pierna en alto mientras mi compañero activaba el botón de SOS de la baliza que llevábamos. tuvo que salir ladera arriba para tener mejor cobertura mientras donde yo estaba llegaba el equipo checo que, con un botiquín y conocimiento digno de quirófano, me curó la herida y me vendó como veis en la foto. tan bien lo hicieron que cuando el helicóptero de los bomberos vino los oí comentar que "mejor no lo toques que no lo vamos a hacer mejor que como está". y mientras el helicóptero iba camino del hospital y mi compañero se unía a otro equipo para seguir la carrera odié de nuevo fuerte la nieve y el hielo.

ambas historias las he contado muchas veces pero nunca las había escrito. se que entre las dos situaciones hay una importante diferencia pero yo las cuento juntas. porque a mi me sirve para entender porque no he esquiado nunca y porque me gusta mucho que caiga nieve pero no la nieve caída. y respecto a la segunda, no se me olvida que, como dice mi madre, al que teniendo cama duerme en el suelo no hay que tenerle consuelo.