viernes, 22 de julio de 2016

Lo que cansa descansar

Esta claro...pero tenerlo claro no ayuda a llevarlo bien. Hay que parar. Si te caes y te haces daño hay que parar. Aunque justo estés arrancando de nuevo. Necesito escribirlo para creérmelo. Necesito escribir de nuevo.
Son tres días solo. Tres días de mis vacaciones. Tres días que me han caído encima como una losa. Mañana cuatro.
Estas tardes observaba una luna llena que parecía más pesada que de costumbre. Al final del día, ya entre dos luces, parecía arrastrarse por el perfil de Gredos como buscando el roce con los picos que dibujan su silueta, como sin fuerzas para levantarse sola. Se apoyaba, recostaba su cansancio en los canchales aún calientes de estar al sol todo el día. El energético cuarzo de las piedras quizás la recargue de esta manera, pensaba. Porque, cuando la oscuridad vencía a la luz y refrescaba, la luna se rehacía y subía a ocupar su sitio. Y así ha ido haciendo cada día mientras se va consumiendo, mermando, decreciendo.
Descansar mata. Consume. Irrita. Cansa. Sobre todo cuando no quieres hacerlo. "Descansar es hacer otra cosa, cambiar de actividad", decía mi abuela. Después del golpe bajando de La Ceja a las Lagunas del Trampal la otra actividad es estar en el sofá con la pierna en alto. Morada. Hinchada.
Arrastro mi mano por encima del morado como la luna lo hacía por las cumbres de Gredos. Molesta pero no duele. La sensación de hinchazón es brutal y que debajo estén mis inseparables varices me lleva a ser prudente. Hoy me ha sorprendido el cambio de color, tiñendo de lila el tobillo y parte del empeine. Un arco iris capado a menos de siete colores pero que dan un aspecto multicromático a mi pierna izquierda.
Y vuelvo a pasar la mano. Como las calientes rocas del Almanzor donde la luna se apoyaba, la pierna irradia alta temperatura. Exotermia. Cuando venga la fresca, como pasaba con la luna, nos reharemos y volveremos a donde tenemos que estar. Allá arriba. En las cumbres.





viernes, 22 de enero de 2016

especular

La mancha que vemos reflejada mientras miramos un escaparate con fondo oscuro. El regalo que nos regala, sin atisbo de piedad, el armario del baño al levantarnos. Una mano enfrentada a la otra. Una foto de esas selfies con palo o sin él. Moléculas químicas, complejas y sencillas, en su forma levo y dextro. Imagenes especulares. Especular. De espejo.
Pero esto hoy no va de espejos. Esto va de especular, de hacer conjeturas sobre algo sin tener conocimiento. De eso va. De que, a raíz de algo leido por azar, intentar entender en que momento alguien puede llegar a alejarse tanto de la realidad que viva cómodo en su propia mentira. Y, lo que es peor, intente colocárnosla a los demás. Hablo de las excusas cuándo a uno no le salen las cosas como espera...en carreras.
Vaya por delante que no aplica a todos. De hecho ya sabemos que son siempre los mismos y de lejos se los ve llegar. Ojo si no conocéis a ninguno...eso si es peligroso ;)
Especulemos pués. ¿Qué lleva a alguien a culpar a cualquier cosa -menos a él- de una retirada, de una caida, de perder tres puestos en el ùltimo kilómetro?
Especulemos con frases como "no se que me pasa pero se me ha cerrado el estómago", "que pena reventar el km 39 con la buena primera media maratón que había hecho", "me ha sentado mal un bocadillo y he perdido opciones", "iba remontando puestos sin parar en avituallamientos y al final me pasaron diez", "se me atragantaron la última subida después de darlo todo en la bajada de antes"....no se acaban ¿verdad?
Yo no digo nada. Especulo. Siempre los mismos. Siempre se lo creen ellos más que los demás. Culpa nuestra que les decimos "aha!" asintiendo con la cabeza. Y tragamos. Y mientras pensamos: tío, eso no se lo cuelas ni a tu madre. Pero, eh, sigue, sigue.
Yo el primero que achanta y traga.
Y como última especulación diré que estoy seguro que el 100% de estos socios dedican los últimos momentos, antes de plantarse, a montar su historia para explicar. ¿No? Seguro que si...
:)

miércoles, 13 de enero de 2016

el dormilón

Yo ya no sueño. Pero, si a duras penas duermo...
Dormir es el último de los grandes lujos. Preguntad por ahí.
Tumbado en la cama proyectas en el techo mil historias diferentes. Juegas a cerrar los ojos para que el cansancio te venza y te arrastre a un estado de letargo infinto. Te tapas y en la cueva de las sábanas blancas donde te sientes agusto, de pronto te agobias. Das vueltas buscando una posición imposible en la que dormirte sea fácil. Te levantas. Paseas por el salón, a oscuras, e incluso pones la tele o, enciendes una luz tenue y lees un libro. Escribes. Sacas una libreta y un boli...y escribes. Escribes mientras ella duerme.
Vuelves a la cama y subes la persiana. Estirado encima del edredón lanzas la mirada al fondo del cuadro tras el marco que forma la ventana. Muchas luces de colores. Entornas los ojos y ves que se van poniendo borrosas. Párpados cerrados. Casí KO.
Un nuevo pensamiento te saca, arrastrando por un tobillo, de lo que iba a acabar en dormirte.
Hubo un tiempo en que eras un dormilón. Sentado en la cama intentabas mantener la posición vertical pero caías hacia el lado de la almohada, fundido por el cansancio, y hasta el día siguiente. Hubo un tiempo en que eras un dormilón que no tenías límite ni en el lugar donde hacerlo, ni en las horas, Hubo un tiempo donde ni la necesidad o ausencia de compañía lastraban unas horas de descanso recuperador. Hubo un tiempo en que preguntabas por la mañana ¿qué tal has dormido? Un tiempo en que casi siempre contestabas lo mismo si alguien te lo preguntaba a la mañana siguiente. En saco. En sofá. En cama. En un coche. En el suelo. Hubo un tiempo en el que, abrazado a un deseo, pasabas la noche con una sonrisa. Velado por la luna.  O soñando.
Pero yo ya no sueño. Como voy a soñar si a duras penas duermo

para ti

jueves, 7 de enero de 2016

día de reyes

Subía las escaleras más descompensadas que había pisado nunca. A veces dos escalones de una tacada, a veces tres, a veces uno. Algún metro de tramo liso empinado y... más peldaños. El frío perlaba unas lágrimas de rabia recién salidas de sus ojos. Los dedos helados e insensibles apoyados en las rodillas acelerando el gesto de caminar. Como contraste, los cuádriceps echaban fuego, ardían. El trabajo muscular siempre es exotérmico aunque no llegaba a calentar las manos. Y el corazón botando dentro de un pecho que retumbaba a ritmo.
Era la zona a la umbría de la montaña. El sol llegaría un rato después. En las zetas del camino tenía la excusa perfecta para sentir que ganaba altura. Bastante en poco rato. Había dejado unos kilómetros de pista en los que seguramente trotó más rápido de lo que debía.
Paró.
Paró, pero no se puso erguido. Mantuvo el gesto del cuerpo apoyado en las rodillas. Respiró profundo. Unas gotas de sudor, que no entendía de donde habían salido, resbalaron por la frente fría y se precipitaron al vacío cayendo al suelo. Otras dos más. Se llevó una mano al cogote y lo notó húmedo. Sudor. Paseó toda la mano, desde la colleja hasta la nuez. Despacio. Acariciando y robando el calor a media parte del cuello. No tenía claro si quería calentar la mano o enfriar el cuello.
En la mejilla notó como tiraban de la piel las dos lágrimas secadas por el frío y convertidas en escarcha. Con el dorso de la mano las borró de la cara. Primero una y luego otra. Y luego paso la palma de la mano por la frente.
Levantó la mirada para ver el tramo de escaleras que le quedaba. El último. Apoyó un dedo índice en la nariz y sopló fuera un agüilla que no le dejaba respirar bien. Primero un agujero y luego el otro.
Notó que se estaba quedando frío. El sudor de la espalda, enfriado por el aire fresco del amanecer, hizo que un escalofrío le subiera desde el culo hasta la coronilla. Golpeó con una mano en cada cuádriceps, como si quisiera descargarlos de lo que llevaban, y encaró lo que tenía por delante.

Cuando acabó la vuelta, cambiándose y pensando en una ducha caliente, volvió a sentir otro escalofrío. La mirada se volvió a poner borrosa. Hasta tuvo la sensación que la voz le temblaría si hablaba. Desde el parking donde tenía el coche se giró. Miró la montaña donde había pasado la mañana de reyes. Y suspiró.

sábado, 2 de enero de 2016

más

Vuelvo a tener ganas de montaña. Y esta mañana ya he mirado sin recelo las riot aparcadas bajo los platos de la bici. Sucias y encartonadas, combadas hacia arriba por falta de uso, todavía guardan restos de barro de la zona de Torelló. Y he vuelto a colgar de una percha el goretex verde que aún estaba dentro de la mochila. Arrugado sin orden pero con la cremallera cerrada. Sucio. Y los calcetines de correr que estaban al fondo del cajón. Ahora asoman el hocico cuando lo abres. Sobre todo ese par preferido que, justamente por eso, es el que menos te pones. Vaya tela ! Y he buscado las camisetas técnicas de manga larga para cambiarlas por las de corta. Otro año más. Las mismas. Que ganas de pasar frío. La liturgia del cambio de armario. De cambio de baúl, más bien.

Vuelvo a tener ganas de montaña. Pero de mi montaña, no de su montaña. Como venganza he tirado todo los imperdibles que había por casa :-)

He ordenado los mapas de Alpina, los tracks de wikiloc, las carpetas del Dakota20. He repasado mi libreta de rutas pendientes. No se acaban. La mayoría son para cuando llegue el buen tiempo. Ahora es tiempo de preparación. La reflexión ha terminado. Es tiempo de recordar al gran A. Bukréyev.

"Las montañas no son estadios donde satisfago mi ambición de logros, son las catedrales donde practico mi religión. Yo voy a ellas como las personas van a la oración. Desde sus majestuosas cimas veo mi pasado, sueño el futuro y, con una inusual agudeza, experimento el momento presente...mi visión se aclara, mis fuerzas se renuevan. En las montañas yo celebro la creación. En cada viaje (a ellas) nazco de nuevo."

sábado, 26 de diciembre de 2015

retales de cordura

Estas parado otra vez en medio del camino. Rígido y tenso. Tienes incluso esa desagradable sensación de haber pasado ya por ese lugar otras veces. Estas tan perdido que incluso miras para atrás. Hacia el sitio de donde vienes. Tampoco es por ahí. Giro de 360º. Miras al cielo y cierras los ojos como si estuvieras bajo la ducha. Pierdes el equilibrio y casi caes. Sonríes. "Bobo", piensas.
Descubres un pequeño matiz, otro, que te hace decidirte por uno de los caminos y arrancas. El final del día mostrará adonde lleva la elección...pero nunca si has acertado. Y eso es una suerte.
Porque ya ni te acuerdas de cuando se dio la salida de esta carrera a ninguna parte. Esta carrera sin meta. Y en medio de la oscuridad has subido a un cerro desde donde se ve todo pero no como llegar. La luna. No me pidas la luna. Ya te la bajaré yo si eso.
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Saboreas el camino recorrido con la habilidad de dejar a un lado los bocados que no te gustaron. Bebes hasta emborracharte de risas compartidas y caricias contra caricias. Lloras. Pero luego, de pronto, secas las lágrimas con la manga de la sudadera y sorbes los mocos. Tragas. Esta claro que no estas aquí por casualidad. Sabes que la piel fina no dura para siempre y hay que volver a salir ahí fuera. No hay cintas ni banderines marcando un camino. No hay mapa. Ya lo sabes, imbécil. ¿Qué necesitas ahora para seguir? Suéltate.
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"Para cuando se te asome al pelo el gris, más te vale que seas bien feliz", canta Rosendo. Tú te tapas hasta la cabeza con el edredón, cruzado en la cama. De esquina a esquina. Mientras la canción suena en los auriculares tensas las piernas y se sube un gemelo. Gritas. Y sabes que lo has provocado porque ya había pasado más veces. Lo esperabas y ha pasado. En posición fetal sigues bajo las sabanas y masajeas el músculo dolorido. Piensas algo. Salta otra canción y te distraes con la nueva letra. Vuelves a la superficie. Todo sigue igual. Justo lo que no querías. Coges el móvil y escribes algo para guardar, como terapia. Y le das un empujón a los malos ratos. Y antes de que vuelvan envías lo escrito.
Juega. Juega con la vida. No con las personas. Juega sabiendo que puedes ganar. O perder.

martes, 1 de diciembre de 2015

humo

escribo porque me ayuda a pensar. escribo porque es una manera de frenar la cabeza cuando se lanza, a tumba abierta, por revirados caminos y, al escribir, sincronizo velocidades. escribo porque cuando no puedo correr es lo que más me descarga. escribo porque luego vuelvo a leer y recupero la confianza en lo que soy, en lo que pienso, en que voy cambiando.
ver los pensamientos plasmados en un pantalla, en un papel, ayuda a darles forma. es como desparramar encima de la cama todo el material de una carrera la noche antes. es como desnudarse despacio para entrar en la ducha caliente al volver a casa embarrado y sudado. y al salir, envuelto en vapor de agua, no reconocer la ropa con la que saliste por la mañana.
si sirve para algo no lo tengo claro. recurramos al "a veces". aferrarse a textos o vivencias no es bueno, eso lo tengo claro. pero haberlos escrito o haberlos vivido es algo único. irrepetible

últimamente me pesa todo. cargo con fardos en los que no estoy muy seguro de lo que hay. o si. tengo esa sensación de estar tan lejos de mi que creo que voy a encontrarme por el otro lado. si. y eso me atrae. pero acojona un pelo.

las presas de resina de un tablero permiten mil combinaciones distintas. y juegas con ellas a placer. hasta que llega el cansancio. entonces te agarras a la que puedes, a la que tiene más cacho. te crees que ahí te harás fuerte. apretando los dientes. gastando más energía de la que hace falta. hasta caer. siempre acabas cayendo. si te bajas, has perdido.

las balizas en orientación son las perlas de un collar que enhebras con tus pasos. si están separadas la alegría al encontrarlas es mayor. si están más juntas la alegría es más frecuente. ¿qué prefieres? y si corres siguiendo cintas ¿tienes tiempo de mirar algo más? ¿de descubrir algo más?

creo que voy a seguir hacia el otro lado, a ver si me encuentro por allí uno que se parezca a mi. o a lo que yo quiero parecerme. ¿mola el proyecto, no? :-)