Os voy a decir una cosa.
Los acontecimientos de la vida son como piedras que caen en un lago. Provocan ondas que recorren la superficie del agua a mayor o menor velocidad, en función del tamaño de la piedra y de la altura o fuerza con la que choca.
La mayor o menor proximidad, a la que nos encontramos ubicados del centro del impacto, determina el alcance con el que las perturbaciones nos alcanzan. Y suele ser en forma pulsada, nunca contínua.
Luego, igual que al encarar olas en el mar, influye la posición en la que nos pongamos.
Una postura de perfil minimiza el choque pero enlentece el avance.
De espaldas se suele aguantar más fuerte pero no lo vemos venir e impide conocer el momento exacto en el que nos sacudirá.
Y de cara, aunque el golpe frontal es más duro, nos permite adivinar la llegada y plantarnos frente al empujón sin dejar de avanzar. Frenandolo un poco, quizás.
Cada uno escoje como se pone. La maestría esta en la combinación perfecta.
Las piedras van cayendo. Algo, pero poco, podemos hacer ahí.
Estoy entrenando bien. Y sin sacrificios gordos. Nada más allá de algún madrugón. Ni cosas raras con la comida. Sensación de tener márgen de mejora aún. Y, lo más importante, sin ninguna prisa de nada. Sin (auto)presión
Casi sin buscarlo este año se esta convirtiendo, a nivel deportivo, en un periodo de transición [había escrito "año" en lugar de "periodo" pero no lo quiero acotar. Y escribir año lo hacía]. He pasado de estar de perfil a encarar lo que veo y no me gusta. Todavía estoy aprendiendo. Y me gusta en lo que me estoy convirtiendo.
Desde dentro de unas zapatillas se pueden vivir las cosas de muchas formas. Se puede compartir de mil maneras. Estoy aprendiendo a disfrutar de las cosas de otra forma quizá más intimista. "Soltar lastre", le digo yo.
Tengo claro de donde vengo y se que ahora critico cosas que yo he hecho. No me importa admitirlo y no me duele cambiarlo. Y tampoco quiero cambiar a nadie.
También pensé que sería fácil dejar atrás costumbres que hace tiempo empezaron a no gustarme. Pero ha costado. Puñetero ego.
Las discusiones, a partir de ahora, durante los entrenos o en los bares.
Creo que esta vez lo he conseguido.
jueves, 26 de marzo de 2015
lunes, 16 de marzo de 2015
The Worst Error
W. Harding y W. Merry escalaron por primera vez The Worst Error, Elephant Rock (Yosemite) en 1957. Una vía de fisura con un tramo de chimenea donde, en algo más de 30 metros, es imposible poner ningún seguro (no he estado nunca allí pero leo y leo y leo... por si voy algún día).
Ese tramo de chimenea lo abrió Merry. Empotrado en la chimenea y tirando para arriba. Cuándo fue preguntado por la sensación de escalar a esa altura (tercer largo de cuerda) sin poder poner seguros, respondió:
"I was feeling far too claustrophobic to worry about falling."
A veces estas leyendo un libro y un párrafo te engancha. Te hace parar. Reflexionas. Sigues leyendo y un par de páginas más adelante notas la atracción de nuevo y has de volver atrás. Mascar otra vez esas palabras. Digerir la información que tiene. Tienes la sensación que hay más jugo del que le has sacado. Tienes la intuición que te está diciendo algo. Tienes la necesidad de recuperar para ti el mensaje que envía. Anoche no pude.
Hoy, mientras tomaba un café bien cargado, he vuelto a buscar el libro a la estantería. He abierto por la página adecuada y he vuelto a leer. Empezando unos párrafos antes y parando uno después.
Seguramente para él fue solo una frase pero a mi me está dando el día :-)
domingo, 1 de marzo de 2015
mis dors4l3s
De un tiempo a esta parte, en una balda de la estantería he ido aparcando dorsales. Desordenados y doblados. Debajo de los libros de montaña y al lado de un montón de mapas de Alpina. Pisados por un animal imposible de barro que modeló Alba hace un tiempo.
La curiosidad, mucho más potente que la desterrada nostalgia, me ha llevado hoy a interrumpir el noble arte de quitar el polvo para trastearlos un rato. Tamaños, colores y texturas tan distintas como las carreras a las que representan. Mezcla.
Y, del tirón, he repasado mentalmente: en una caja de zapatos, dentro del armario, hay más. Y, debajo de estos, entremetidos en las hojas de 8 agendas donde apuntaba mis entrenos hace años, el resto. No sé si son muchos o son pocos. Son los que tengo menos los que he regalado. Aritmética fácil.
El futuro que les espera es incierto en cuanto a tiempo porque, algún día, pasarán por el fuego mientras me bebo una volldamm al costado de la hoguera. Si tardan mucho en arder, dos...
Mañana cumplo 43.
Como los dorsales, desordenados y repartidos por varios sitios.
Como los dorsales, de muchos “tamaños, texturas y colores”.
Como los dorsales, no se si son muchos o son pocos. Si la edad se midiera como las carreras ya sería una ultrapersona :)
Como los dorsales, también he regalado algunos (y encantadísimo) y seguro que regalaré más.
Como los dorsales...
La curiosidad, mucho más potente que la desterrada nostalgia, me ha llevado hoy a interrumpir el noble arte de quitar el polvo para trastearlos un rato. Tamaños, colores y texturas tan distintas como las carreras a las que representan. Mezcla.
Y, del tirón, he repasado mentalmente: en una caja de zapatos, dentro del armario, hay más. Y, debajo de estos, entremetidos en las hojas de 8 agendas donde apuntaba mis entrenos hace años, el resto. No sé si son muchos o son pocos. Son los que tengo menos los que he regalado. Aritmética fácil.
El futuro que les espera es incierto en cuanto a tiempo porque, algún día, pasarán por el fuego mientras me bebo una volldamm al costado de la hoguera. Si tardan mucho en arder, dos...
Mañana cumplo 43.
Como los dorsales, desordenados y repartidos por varios sitios.
Como los dorsales, de muchos “tamaños, texturas y colores”.
Como los dorsales, no se si son muchos o son pocos. Si la edad se midiera como las carreras ya sería una ultrapersona :)
Como los dorsales, también he regalado algunos (y encantadísimo) y seguro que regalaré más.
Como los dorsales...
martes, 2 de diciembre de 2014
nuestra neorural
Os voy a "hacer un Calvo"... Tranquilos que esto ya no es lo que era. Desde este verano, despuès del Tor, consiste en escribir una crónica desde el móvil (como lo hizo Salva).
Y os voy a contar algo de nuestra neorural. Y digo nuestra porque estos tìos y tìas que hay detrás la montan para nosotros. La paren y la crìan pensando en que disfrutemos. La sufren organizando y, sobre todo, la sufren no pudiendo correrla con nosotros el gran dìa. Si la carrera es espectacular, la cuadrilla que hay detrás....más.
Reconozco que tengo un cariño especial a esta fiesta en la que se corre. Serìa injusto llamarla solo carrera. La distancia y el ritmo no son mi debilidad pero el terreno bien merece el esfuerzo de salir con el gas abierto, aguantar el puño bien atrás y, luego, ir soltando poco a poco. Y, a medida que vas soltando, ver si el "cop de gas" del principio fue excesivo o no.
Ni un puto metro para descansar encontré este año. Salvo pararte (que esta mal visto) no tienes excusa para aflojar. No hay subidas largas que no se aguanten. No hay bajadas eternas que te machaquen. No hay tramos planos donde aflojar. La Neorural te mata poco a poco, te consume, te va dejando seco mientras te ofrece su mejor sonrisa.
Te vacìa y te llena.
Te camela y te planta.
Te escurre y te empapa.
Y en 27kms y 1.600+ pasas por un serrucho de una belleza brutal. Por sus senderos llenos de vegetación que "acaricia" piernas y cara. Por sus altos que enseñan el Mediterraneo o Montserrat. La Mola o Barcelona. Por sus cruces de pista que te hacen ver que alguien se ha esforzado em que no la pisemos más de lo justo. Por sus avituallamientos llenos de vida y de koalas. Por su 'arco' de meta con olor a butifarra.
Y volverìas a hacerla si no te hubiese dejado tan fuera de ti. Si no estuviera allì la gente que ha llegado ya. Si no tuvieran que llegar aún un montón de amigos.
Y volveras a hacerla. Otro dìa. Porque carreras hay muchas pero fiestas donde se corre...no tantas.
Y paro ya, porque hacer un calvo es duro. Y porque me han venido a la mente recuerdos del domingo que voy a bañar en cerveza. Gracias !
jueves, 13 de noviembre de 2014
marató del montSENY
El plan era avituallar. Subir al Turó del Home y esperar a ver pasar a todos los corredores que llegaran allí. Animar y provocar alguna sonrisa. Y algún cabreo, que no siempre la gente lo entiende. Empujar para lo que queda desde allí. Vender membrillo y frutos secos como la pócima de Panoramix. Repartir aquarius y cocacola como el elixir mágico. Enredar. Pero la cosa evolucionó a terrenos inesperados (como siempre que está por ahí Raúl Koala) y acabé en la salida con un dorsal. Un dorsal diferente. STAFF ponía en el papel que llevaba colgando. Algo que no sabía muy bien que era pero que yo vestí con una mochila con una par de mantas térmicas, unas vendas y unos cuántos geles. Y muchas ganas de animar desde dentro a la gente. Y ayudar. Daban mal tiempo arriba y eso me tenía preocupado. Eh, y no me importa reconocerlo, pensé que detrás de un dorsal de STAFF tenía cubiertas todas mis vergüenzas, mi estado de no-forma, mi "coco" que se desentiende cuando más hace falta. Nada que no os haya pasado a todos.
Y salimos. Con unos galgos delante que no necesitan liebre para abrir gas. Estirando un grupo de casi 1.000 corredores hasta llenar metros y metros de pista. Kilómetros largos de yo te paso/tú me pasas al lado de Messi Arcos. Y de otros cuantos más. Eternos. Rápidos, pero eternos. Llegando a la base de la primera subida de verdad con una sensación de ir poco fino. Soy STAFF, paro a mear ;-)
Marta Muixi ya me ve la cara y cuando pregunta sabe la respuesta. Pero ahora hay que subir y eso me apetece. Me autorepito sin querer hacerlo lo de que "soy STAFF, no compites" tantas veces que me suena a excusa. Porque yo quiero ir más rápido pero NO PUEDO. La cabeza no quiere y convierte en mantra la dichosa frasecita. Bah.
Y subimos hasta casi el Matagalls y bajamos a Sant Marçal. Y subimos a Agudes y cresteamos al Turó. No merecen la pena detalles, creedme. Y venga con la cantinela que soy STAFF. No entiendo. ¿Por que llevo el enemigo dentro?
Y en el avituallamiento koala, donde yo debería estar, cumplo 4h de carrera y me bebo una volldamm. Pero casi me han de echar para irme. No quiero bajar 12kms, ni como esteban ni como STAFF.
Y paro cada vez que oigo que alguien viene por detrás. Y le pregunto si necesita algo. Y le animo. Y me dejo caer de nuevo. Todo esto en bucle infinito. Sin ganas. Pasa Messi como un cohete. Y otro. Y otra. Y otro más.
La meta es hoy mi lugar más preciado. Y aprieto los dos últimos kilómetros porque huelo la cerveza y el parar de correr. Ya llego.
El día 30 la Neorural, más como carrera con amigos que otra cosa. Y luego a esperar. No se muy bien a que. Pero a esperar.
viernes, 31 de octubre de 2014
3 preguntas 3 (de lo de correr largo por el monte)
Tres preguntas importantes que alguna vez nos hemos hecho ¿todos? Tres preguntas y mi autorespuesta. Y son tres porque no soy de escribir mucho. Porque me gusta acabar lo que escribo con el último trago de la cerveza que abro cada vez que junto letras. Porque es un buen número que no aburre y, si acaso, deja hueco para seguir otro día con otras tres...y otra cerveza !
Vamos al lío...
1. ¿Estoy preparado para esto?
Mala cuestión si a pocos días/horas de la carrera te preguntas esto. Si no lo tienes claro, no vayas. Esta pregunta es muy válida para una maratón de asfalto, por ejemplo. Si no lo estas, te paras, pillas el metro o el bus y para casa. O paras un coche. O robas una bici. Yo siempre he corrido la maratón de Barcelona con un abono transporte en el bolsillo.
Esta pregunta nos la hemos de hacer antes de inscribirnos. Y si la respuesta es NO, preguntémonos si lo estaré para el día de la carrera. Ahí es donde hay que echar el resto. En prepararla.
Para salir a una carrera de montaña no te permitas más duda que no saber en cuanto tiempo lo vas a hacer. Y siempre como curiosidad, no como preocupación.
Por supuesto, a cualquiera nos puede pasar que se nos tuerza el día y tengamos que tirar de la organización o del montañero de turno para que nos saque del apuro. Del pastor que nos ve pasar con cara de asombro, incluso.
Y ojito con pegarle un empujón al abismo a algún amiguete que pone "tu crees" delante del "estoy"... No seáis mala gente, que la montaña cuando se le hinchan las pelotas puede hacer mucho daño.
2. Lo del material obligatorio ¿qué?
Pues eso, O B L I G A T O R I O. Y obligaTODOS.
Que no hay control por la organización ¿y qué? ¿Para quien es el paravientos?¿Los guantes?¿La manta térmica? Para mi es uno de los puntos sagrados del reglamento. Y puedo asegurar que siempre suelo añadir alguna cosa más de lo que piden.
Y además, tan contento que estoy de cargar con ropa de abrigo y no tener que usarla. De llevar pilas de repuesto y no necesitar cambiarlas. De que me sobre comida. De que la manta térmica sea la primera que me compré hace ya 5 años...
Lo que veo ahora es que nos quejamos si no nos lo revisan y también nos quejamos si lo hacen (y nos pillan sin algo).
Aprovecho para decir que yo no soy partidario de hacer llevar material obligatorio. En mi opinión, lo ideal es firmar un documento de descargo de responsabilidades a la organización y cada uno que lleve lo que quiera. Pero mientras las carreras sean como son ahora, yo cumplo !! Y contento.
3. ¿Cómo va lo de comer y beber?
Esta es la más fácil. Al menos ahora que llevo unas cuantas carreras. Las dos cosas se han de hacer casi, diríamos, de continuo. Sigue el principio básico de "mejor muchos pocos que pocos muchos". Y empieza a comer antes de tener hambre o....la cagaste. Y empieza beber antes de tener sed o...la cagaste. Lo que a mi me va bien es comer cada 45'-60' adaptándome al perfil de carrera. O sea, no te pongas a comer en el repecho del 30% que te sube 200+ en 1 km. Y beber cada 20' un traguito.
En la "dieta" de un ultra intento mezclar salado y dulce. Salado entre avituallamientos (llevo frutos secos) y dulce+fruta al parar. Pero vamos, que lo que me pide el cuerpo. Encima suelo llevar algo de turrón, unas ciruelas secas o dátiles y, ya lo he dicho antes, frutos secos (nueces, avellanas y/o almendras).
Y de beber agua e isotónico.
¿Geles? siempre llevo dos. De rescate. Y uno de cafeína si hay que pasar una noche a la intemperie. O mejor dicho, un amanecer.
Y hablando de beber...se acabó la cerveza... ;-)
Vamos al lío...
foto archivo, 2012 :-)
Mala cuestión si a pocos días/horas de la carrera te preguntas esto. Si no lo tienes claro, no vayas. Esta pregunta es muy válida para una maratón de asfalto, por ejemplo. Si no lo estas, te paras, pillas el metro o el bus y para casa. O paras un coche. O robas una bici. Yo siempre he corrido la maratón de Barcelona con un abono transporte en el bolsillo.
Esta pregunta nos la hemos de hacer antes de inscribirnos. Y si la respuesta es NO, preguntémonos si lo estaré para el día de la carrera. Ahí es donde hay que echar el resto. En prepararla.
Para salir a una carrera de montaña no te permitas más duda que no saber en cuanto tiempo lo vas a hacer. Y siempre como curiosidad, no como preocupación.
Por supuesto, a cualquiera nos puede pasar que se nos tuerza el día y tengamos que tirar de la organización o del montañero de turno para que nos saque del apuro. Del pastor que nos ve pasar con cara de asombro, incluso.
Y ojito con pegarle un empujón al abismo a algún amiguete que pone "tu crees" delante del "estoy"... No seáis mala gente, que la montaña cuando se le hinchan las pelotas puede hacer mucho daño.
2. Lo del material obligatorio ¿qué?
Pues eso, O B L I G A T O R I O. Y obligaTODOS.
Que no hay control por la organización ¿y qué? ¿Para quien es el paravientos?¿Los guantes?¿La manta térmica? Para mi es uno de los puntos sagrados del reglamento. Y puedo asegurar que siempre suelo añadir alguna cosa más de lo que piden.
Y además, tan contento que estoy de cargar con ropa de abrigo y no tener que usarla. De llevar pilas de repuesto y no necesitar cambiarlas. De que me sobre comida. De que la manta térmica sea la primera que me compré hace ya 5 años...
Lo que veo ahora es que nos quejamos si no nos lo revisan y también nos quejamos si lo hacen (y nos pillan sin algo).
Aprovecho para decir que yo no soy partidario de hacer llevar material obligatorio. En mi opinión, lo ideal es firmar un documento de descargo de responsabilidades a la organización y cada uno que lleve lo que quiera. Pero mientras las carreras sean como son ahora, yo cumplo !! Y contento.
otra foto archivo, 2012
3. ¿Cómo va lo de comer y beber?
Esta es la más fácil. Al menos ahora que llevo unas cuantas carreras. Las dos cosas se han de hacer casi, diríamos, de continuo. Sigue el principio básico de "mejor muchos pocos que pocos muchos". Y empieza a comer antes de tener hambre o....la cagaste. Y empieza beber antes de tener sed o...la cagaste. Lo que a mi me va bien es comer cada 45'-60' adaptándome al perfil de carrera. O sea, no te pongas a comer en el repecho del 30% que te sube 200+ en 1 km. Y beber cada 20' un traguito.
En la "dieta" de un ultra intento mezclar salado y dulce. Salado entre avituallamientos (llevo frutos secos) y dulce+fruta al parar. Pero vamos, que lo que me pide el cuerpo. Encima suelo llevar algo de turrón, unas ciruelas secas o dátiles y, ya lo he dicho antes, frutos secos (nueces, avellanas y/o almendras).
Y de beber agua e isotónico.
¿Geles? siempre llevo dos. De rescate. Y uno de cafeína si hay que pasar una noche a la intemperie. O mejor dicho, un amanecer.
Y hablando de beber...se acabó la cerveza... ;-)
miércoles, 22 de octubre de 2014
Ultratratrail de Gre.diooooos, que duro !!
No pegué ojo. Y mi hermano, tirado a mi lado y con el saco
de dormir hasta la cintura, tampoco. Era casi medianoche cuando le dije “Buenas
noches” y ya me sonó a chiste. Nerviosos. Primera vez juntos en un sarao de
estos. En Gredos. Y con lo que nos esperaba… ¿quién coño se duerme?
Mi suerte era que a las 3:00 sonaría el despertador. A las 7:00 para él. Los dos desvelados, sabiendo que el otro también lo estaba, pero sin interactuar para evitar romper un posible duermevela del vecino. La veda de la bidireccionalidad se abre cuando, un pelo antes de la hora fijada, yo empiezo a cambiarme y risas flojas con comentarios nerviosos afloran.
La noche es clara pero corremos entre pinos y esta oscuro.
Vamos unos cuantos delante a buen ritmo. El olor a resina y pinaza es para mi
como el de rueda quemada para los moteros. Y no aflojamos al estirarse y
hacerse el silencio en el grupo. Cuando empiece la subida a Galayos la montaña
ajusticiara al que se haya pasado esnifando. 2h32’ sin andar y apuro un vaso de
aquarius para empujar unos frutos secos que no quieren pasar garganta abajo.
Ahora no hay trampa, subida todo.
Perdido. En menos de 15’ no veo balizas ni hitos. Soplo el silbato mientras me quito la mochila para sacar el Garmin. Silba el portugués a pocos metros. Lleva el GPS en la mano. Decidimos ir juntos con su track. A mí me preocupa perderme y enriscarme. A él creo que más los que vienen detrás. Erramos varias veces el camino (o eso creemos) al dejar de mirar el cacharro y aumentar el ritmo. Oímos voces. Llegan 3 juntos a buen ritmo. Parecen saber dónde van. Dos de Guadalajara y uno de Hoyos (a la postre, el podio). Sin preguntar, nos subimos al asiento de atrás del “autobús” y llegamos a Los Campanarios trotando toda la cuerda màs o menos bien. Si no me equivoco, km 38. Comer, beber, mear, guardar el frontal. Esas cosas.
Ahora bajamos. Camino de Prao Pozas vuelven las dudas. La niebla levanta pero el viento no afloja. Yo creo que algunas cintas han volado. Pero , entre todos, encontramos el camino y nos dejamos caer a buen ritmo, intuyendo ya un sol que se nos negaba. Giro a izquierda por el camino de la laguna Grande, camino empedrado y cruzamos, siempre juntos, el puente de las juntas. Seguimos bajando a buscar el punto de salto de la garganta y, un poco más abajo, el control del puente de Roncesvalles. Ahora sí. Se van. No puedo seguirlos. Me jode bastante. Pero no arriesgo. Los tengo a tiro de piedra, eso sí, con un buen brazo… Cuando están casi listos del avituallamiento en el puente llego yo. Como algo rápido, lleno bidones y salgo delante. ¿Chulería? No. Sé que me cogerán rápido. Y así pasa. Son mejores. Los cuatro. Ellos no sé si lo saben. Yo sí.
A pesar de ello les aguanto toda la subida a Cabeza Nevada haciendo la goma. Una buena trepada junto a una cascada, con una aproximación bestial pisando cervuno y una parte final técnica sobre bloques de roca manchados de grupos de piornos. Y mucho viento. Mucho. La pradera del medio ellos la corren. Yo no quiero y creo que tampoco podía. Reagrupamos casi del todo arriba. Pero ese “casi” es la puntilla que me hace perderlos de vista y plantearme la salvaje bajada, contra el vendaval, como algo “delicado”. El viento me sienta dos veces de culo. Y a media bajada mía ya los veo trotar por la hierba del fondo del valle. Son mejores. Ya lo había dicho, ¿no?
Ahora ya se que lo que me queda lo haré solo. No me molesta. Pero me relajo en exceso. El fantasma de una retirada al llegar a la laguna planea sobre mi durante lo que queda de bajada. Pero se que mis padres estarán en meta y esta vez…no toca. El coco no está a tope pero se va reforzando. Pienso en la cara de mi madre de no entender nada de porque hago esto. O en lo primero que me dirà mi padre cuando me vea: “Abrígate. No te quedes frio”. Sonrío. Y aprieto.
El terreno se vuelve a poner cuesta arriba y eso me anima. Llego a la pradera de detrás de ameal de Pablo, cansado pero contento. Bajada técnica por la canal de Isabel ll, refugio Elola y la laguna Grande. PimPam. No pienso. Solo siento la energía del granito en los pies. La energía y el daño que hace. Al trote y esquivando gente se rodea la laguna y empieza la subida a Barrerones. Creo que cantaba. Algo de Sinkope. Y seguía pensando en mis padres. Y ahora en mi hermano. ¿Ya habría subido a La Mira?
A media subida encuentro a un amigo y, en el avituallamiento, a dos amigas más. Los primeros conocidos desde que dejé a Raul en el saco. Son un buen empujón para encarar la última subida al Morezón. Es inevitable mirar para atrás. Lo hago. No se si no veo o no quiero ver a nadie. Voy a tirones. Se me hace largo. Tan largo que paro y disfruto de las vistas. La última vez en la cruz que marca el control de la cima. Ahora sí. Coño. Ahora sí. Gas para abajo. Suelta la pata. Son 16kms lo que quedan. Y hay gente esperando en meta.
foto www.trainerweb.net
Mi suerte era que a las 3:00 sonaría el despertador. A las 7:00 para él. Los dos desvelados, sabiendo que el otro también lo estaba, pero sin interactuar para evitar romper un posible duermevela del vecino. La veda de la bidireccionalidad se abre cuando, un pelo antes de la hora fijada, yo empiezo a cambiarme y risas flojas con comentarios nerviosos afloran.
No desayuno. No me entra nada. Tengo ganas de salir. Muchas.
Pero intento dejar atadas las dudas que le puedan surgir a él. No pregunta pero
se que las tiene. Aunque en verdad contesto a las mías poniéndolas en él…. A
las 3:25 le doy un abrazo y me voy. Una frase retumba en mi cabeza pero ahora
no se si la dije entera o me la quedé. Más nervios: “Haz tu carrera. Come y bebe.
Prepárate para algún mal rato, que lo habrá. Y a ver si te pillo en la última
parte y entramos juntos”. Salgo. Ojalá ahora duerma algo Raul…
Lo primero que hago al salir es mirar al cielo. Estrellas. Camino.
No siento frío. Algo queda de luna. Sentado, intento concentrarme amparado por
un anonimato que en Cataluña no tengo. Creo que no se hacerlo. No hablo con
nadie pero escucho a la gente. Rodeado de portugueses escucho una cuenta atrás
que nos lanza a los primeros 28kms… “rapiditos”.
A los cinco que llegamos al avituallamiento juntos, los
repechos nos van separando. El primero, un portugués que sube muy cómodo,
intratable. No es mi ritmo y se va. Luego otro que cada vez esta màs cerca y
cae antes del refugio Victory. Ahora yo el tercero. Y detrás el resto. En
ristra de frontales que dibujan un camino que, de otra forma, a estas horas no
se vería.
Subida exigente y preciosa. Incluso de noche. Pero nos deja
en el collado con la pata suave y sumergidos en una niebla que se puede mascar.
Hace bastante viento. “Solo llevas a uno delante. Es en aquella dirección
–marca con la mano el chico del control-. Ten cuidado que se han volado algunas
balizas. Suerte”Perdido. En menos de 15’ no veo balizas ni hitos. Soplo el silbato mientras me quito la mochila para sacar el Garmin. Silba el portugués a pocos metros. Lleva el GPS en la mano. Decidimos ir juntos con su track. A mí me preocupa perderme y enriscarme. A él creo que más los que vienen detrás. Erramos varias veces el camino (o eso creemos) al dejar de mirar el cacharro y aumentar el ritmo. Oímos voces. Llegan 3 juntos a buen ritmo. Parecen saber dónde van. Dos de Guadalajara y uno de Hoyos (a la postre, el podio). Sin preguntar, nos subimos al asiento de atrás del “autobús” y llegamos a Los Campanarios trotando toda la cuerda màs o menos bien. Si no me equivoco, km 38. Comer, beber, mear, guardar el frontal. Esas cosas.
Ahora bajamos. Camino de Prao Pozas vuelven las dudas. La niebla levanta pero el viento no afloja. Yo creo que algunas cintas han volado. Pero , entre todos, encontramos el camino y nos dejamos caer a buen ritmo, intuyendo ya un sol que se nos negaba. Giro a izquierda por el camino de la laguna Grande, camino empedrado y cruzamos, siempre juntos, el puente de las juntas. Seguimos bajando a buscar el punto de salto de la garganta y, un poco más abajo, el control del puente de Roncesvalles. Ahora sí. Se van. No puedo seguirlos. Me jode bastante. Pero no arriesgo. Los tengo a tiro de piedra, eso sí, con un buen brazo… Cuando están casi listos del avituallamiento en el puente llego yo. Como algo rápido, lleno bidones y salgo delante. ¿Chulería? No. Sé que me cogerán rápido. Y así pasa. Son mejores. Los cuatro. Ellos no sé si lo saben. Yo sí.
A pesar de ello les aguanto toda la subida a Cabeza Nevada haciendo la goma. Una buena trepada junto a una cascada, con una aproximación bestial pisando cervuno y una parte final técnica sobre bloques de roca manchados de grupos de piornos. Y mucho viento. Mucho. La pradera del medio ellos la corren. Yo no quiero y creo que tampoco podía. Reagrupamos casi del todo arriba. Pero ese “casi” es la puntilla que me hace perderlos de vista y plantearme la salvaje bajada, contra el vendaval, como algo “delicado”. El viento me sienta dos veces de culo. Y a media bajada mía ya los veo trotar por la hierba del fondo del valle. Son mejores. Ya lo había dicho, ¿no?
Ahora ya se que lo que me queda lo haré solo. No me molesta. Pero me relajo en exceso. El fantasma de una retirada al llegar a la laguna planea sobre mi durante lo que queda de bajada. Pero se que mis padres estarán en meta y esta vez…no toca. El coco no está a tope pero se va reforzando. Pienso en la cara de mi madre de no entender nada de porque hago esto. O en lo primero que me dirà mi padre cuando me vea: “Abrígate. No te quedes frio”. Sonrío. Y aprieto.
El terreno se vuelve a poner cuesta arriba y eso me anima. Llego a la pradera de detrás de ameal de Pablo, cansado pero contento. Bajada técnica por la canal de Isabel ll, refugio Elola y la laguna Grande. PimPam. No pienso. Solo siento la energía del granito en los pies. La energía y el daño que hace. Al trote y esquivando gente se rodea la laguna y empieza la subida a Barrerones. Creo que cantaba. Algo de Sinkope. Y seguía pensando en mis padres. Y ahora en mi hermano. ¿Ya habría subido a La Mira?
A media subida encuentro a un amigo y, en el avituallamiento, a dos amigas más. Los primeros conocidos desde que dejé a Raul en el saco. Son un buen empujón para encarar la última subida al Morezón. Es inevitable mirar para atrás. Lo hago. No se si no veo o no quiero ver a nadie. Voy a tirones. Se me hace largo. Tan largo que paro y disfruto de las vistas. La última vez en la cruz que marca el control de la cima. Ahora sí. Coño. Ahora sí. Gas para abajo. Suelta la pata. Son 16kms lo que quedan. Y hay gente esperando en meta.
Hasta el puerto de Candeleda sigue haciendo un viento racheado cabrón. Racheado como el correr y el andar. Se sigue una cuerda de bajada con algún falso llano. Después ya todo es en bajada. Bajada al horno. Calorazo y desnivel. Calorazo y pista. Calorazo y rio cerca. Calorazo y corredores del medio ultra. Pero no encuentro a Raul. Se habrá quedado atrás antes del cruce.
Un último repecho que pone la puntilla, por el sitio donde está
no por la dureza. Un par de calles del pueblo. Un barullo de gente. Mis padres
al inicio de la recta final (“porque se ve mejor que en el arco con toda la
gente”) que me llaman. Dos besos. Un pensamiento. Cuatro mejores delante. Meta.
PD. Si alguien me vuelve a oír decir que Gredos es pequeño...que me de una colleja !!
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